Louise Bourgeois: víctima y asesina
Todos nacemos con cara de viejitos. Pero Louise Bourgeois parece conservar la suya tal cual toda la vida. Aun en las fotografías de juventud, donde se le ve rodeada de sus hijos y su esposo —el renombrado historiador de arte Robert Goldwater que la lleva en 1938 a vivir a Manhattan—, se eclipsa su presencia menuda, de cabello recogido en chongo y rostro apergaminado. Ahora bien, sólo cuando a Robert Mapplethorpe se le ocurre sacar aquella toma memorable en 1982, fija de una vez por todas la leyenda de la «anciana extravagante»: sonrisa al borde de la carcajada, mirada pilla, inenarrable abrigo de pelo de chango, y cargando un pene de medio metro bajo el brazo. En ese retrato, Louise […]
