Leonora Carrington con agua de Jamaica
Un estruendo llega de repente en medio de la plática. Es la música tipo discoteca desde el radio de un vocho rojo. Leonora Carrington se levanta del asiento en el saloncito del primer piso. Se asoma por el balcón: —Usted, sí, usted. ¡Apague su música y además quite su carro de aquí, que es la entrada de mi casa! ¡Pendejo!El adolescente pide disculpas y arranca, derrapando llantas. La pintora surrealista ríe. “Bueno, hemos arreglado un poquito el mundo”, dice, y acepta que Lucero González la retrate con la luz que le entra por los ojos. “No. Con los surrealistas no tratábamos de reinventar el mundo. Era descubrir y dar una imagen de un mundo diferente. Pero eso ya lo habían […]
