Bitácora de la selva
Decidí hacer un cambio de vida totalmente radical, salir de mi zona de confort, en busca de nuevas sensaciones, ver el mundo y mi realidad de diferente manera.
Me encuentro viviendo en medio de la selva en Yucatán y viene a mi mente cómo sería la aventura de aquellos fotógrafos exploradores de fines del siglo XIX. Qué los movía a adentrarse en un mundo desconocido, lleno de peligros, en un ambiente hostil, con la necesidad de subsistencia, motivados por el deseo de aventura.
La selva es un lugar mágico y lleno de misterios, siempre en constante movimiento. Día a día se puede apreciar un paisaje nuevo y las variantes con cada estación del año. Inmersa en ello me vuelvo un elemento más. El mundo que conocía ya no existe más. La necesidad de crear un espacio sustentable me ha movido a hacer este cambio. Tratando de respetar y entender la naturaleza, surge en mí la necesidad de registrar lo que me rodea. Los olores, colores, formas y luz. Es un lugar tan abundante, la vida surge de cada rincón. Coexistimos con una infinidad de especies de flora y fauna, todo tipo de bichos que nunca había visto. Caminando en un suelo rocoso, puedo admirar en su composición fósiles de conchas y caracoles, huella de un mundo que alguna ves existió, aquí estuvo el mar, todo impregnado en las rocas, como contando la historia de otro mundo.
Algunas personas de la comunidad maya cercana se han vuelto mis maestros. Un encuentro cultural; otra lengua, otras costumbres, otro modo de experimentar la realidad. Y en esta interacción, generamos una amistad y una simbiosis de ambos mundos.
