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Inside Out

Lunes, 15 Mayo 2023 18:16 Escrito por Virginie Kastel
 
Inside Out

Es asombrosa la manera en la que el pasado y sus objetos nos informan acerca del presente. Es por ello que, al situar una obra de arte contemporáneo en un museo de historia, esta inmediatamente se recontextualiza y se potencia porque los espacios de la historia nos ofrecen la posibilidad de acercarnos a las estéticas de aquellos que nos precedieron y que nunca se extinguieron del todo, sino que se transformaron generación tras generación.

Si bien se podría decir que una obra de arte siempre dialoga con el pasado, no tenemos la oportunidad de acercarnos a la conversación que se genera entre una colección permanente y una pieza artística contemporánea todos los días; esta experiencia enriquecida tanto por la colección como por la obra requiere mención y es por ello que se les invita como visitantes a ejercer esta lectura desde sus perspectivas y reconocer más conexiones de las que enumeraré a continuación.

La escultura multimedia Inside Out de la artista textil Miriam Medrez (Ciudad de México, 1958) continúa una búsqueda sobre cómo se puede desdoblar un cuerpo. Miriam Medrez nos muestra porciones para, de este modo, reconfigurar los límites de nuestra identidad. La autora trabaja del uno al múltiple, del cuerpo a la colectividad. Pero lo más interesante de su práctica acerca del cuerpo es cómo crea un sistema de signos nuevo, un lenguaje visual que se presenta como un sistema de escritura. Me atrevo a decir que el encuentro entre materia, forma y dibujo se parece en su lógica, al sistema de signos de las escrituras antiguas, tal y como lo vemos en los facsimilares de los códices que resguarda el Museo de Historia Mexicana.

Por otro lado, si nos concentramos en la estructura de la instalación, vemos como la verticalidad y la construcción en capas parecen hojas que nos remiten a la forma de un árbol. De forma sutil, nos habla de una cierta genealogía colectiva (la de historias contadas por los expedientes médicos que representan las radiografías), a la par que hace eco de la simbología del árbol de las culturas mesoamericanas, signo que se mantiene y reinterpreta durante toda la época colonial como lo podemos observar en el mestizaje entre el árbol y la cruz cristiana.

Inside Out es una escultura conformada principalmente por radiografías que, como su nombre lo indica, es una transposición entre el adentro y el afuera. En términos técnicos, una radiografía es un negativo fotográfico. Usar el negativo para revelar otra cara de la realidad ha sido un recurrente en la historia de la estética. En el museo, se encuentra un ejemplo de ello con la presencia de un cajete trípode tarasco, datado entre los años 1300 a 1512 y pintado al negativo, es decir, con diseños realizados con cera líquida que, al pasar por el proceso de cocción, caen para dejar ver el patrón dibujado debajo.

Regresando a la escultura y como ya mencionaba, la radiografía es el negativo fotográfico por excelencia, el ojo que nos muestra el hueso, pero también la anomalía: el cuerpo enfermo. Al estar compuesta de negativos, esta instalación es nocturna: requiere de luz interna para ser vista. Cuando se ilumina la estructura desde dentro, aparecen partes de cuerpos que componen Inside Out; imágenes que contienen historias de personas desconocidas que estuvieron tratando con la enfermedad, y que ahora aparecen como una memoria colectiva anónima, lo cual me hizo eco con la pequeña colección de exvotos que se encuentra a medio recorrido en el museo.

Si bien la materia textil está menos presente en este trabajo de Miriam Medrez que en otras piezas, esta compone el corazón de su práctica. El visitante tiene numerosas oportunidades de encontrarse con la presencia textil en el Museo de Historia Mexicana, ya sea a partir de la técnica y los vestigios artesanales de Mesoamérica, y posteriormente de la fabricación de henequén y de algodón, o bien a partir de los vestidos conservados de distintas épocas. El textil es una segunda piel en nuestra cotidianeidad, pero la artista lo usa para mostrarnos el cuerpo desnudo como una propuesta, más que por el origen, por un arcaísmo y lugar común de la humanidad en el que pertenecemos y habitamos todos.

Miriam Medrez toca preguntas que también aborda la historia en la construcción de una memoria colectiva: ¿Qué es un cuerpo? ¿Existe un cuerpo colectivo? ¿Es posible abrir un cuerpo sin tocarlo? Esta instalación nos sitúa ante un problema importante: ¿Es la interpretación un elemento subjetivo de la experiencia? ¿Es la ciencia la contraparte de la subjetividad? Desde una lectura científica lo luminoso es lo sano, mientras que, desde un punto de vista espiritual, lo oscuro es el contorno necesario y la finitud material esencial para percibir la luminosidad. Desde la perspectiva de nuestra historia mexicana, ha sido necesario buscar los vestigios y encontrarlos en la oscuridad del subsuelo para arrojar luz sobre nuestro presente y nuestra herencia. Asimismo, Miriam Medrez, al mostrarnos los huesos y órganos de personas, con su propia historia que nunca descifraremos del todo, nos antepone frente a las preguntas que se hacen los historiadores al construir historias desde las narrativas y objetos del pasado, y que me hacen preguntarme ¿hasta dónde es la verdad un fenómeno de la interpretación?

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